Sin título y sin palabras

24 mayo, 2013 § Deja un comentario

Esto no lo he escrito yo, ya me gustaría a mí tener esta prosa… pero es algo que quiero compartir. Ana escribe todos los viernes un mail a sus amigos, entre los que me encuentro, sin otro ánimo que el de desearte un buen fin de semana y arrancarte una sonrisa, hoy el horno no estaba para bollos… Copio y pego con su permiso.

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¨Cuando la dejé esta mañana de exámenes en la puerta del colegio le deseé suerte me respondió: “espero no necesitarla”.  Igual hubiese contestado Encarna, que siempre afrontaba sus retos con una seguridad en sí misma sólidamente asentada en horas y horas de preparación, convencida de que el esfuerzo casi siempre hace innecesario el concurso de la buena suerte. Pero con lo que Encarna  no contaba -¿quién piensa en eso?- es que ese esfuerzo de nada vale frente a  la mala suerte, la que se escribe con mayúsculas, la mala estrella.

A Encarna la mala estrella la señaló con una de sus puntas y una mañana de examen le ocultó el camino hacia la Facultad de Periodismo. Luego olvidó cómo se bajaban las escaleras  y poco después comenzó a ver doble. El diagnóstico fue inequívoco: esclerosis múltiple, la enfermedad de las mil caras.

Con veinte años recién cumplidos -solo dos más que mi hija- dedicó toda su energía a un errático peregrinaje por todas las cortes de los milagros, desde el lunático sanador de Pontevedra hasta el brujo de Tordesillas. Daba igual lo lejana o costosa que fuese la solución, no había ningún límite para aquella guerra sin cuartel contra la esclerosis múltiple.

Tiempo después, con la derrota marcada en la frente, cruzaba el umbral de la asociación salmantina de esclerosis múltiple, aquel lugar descartado de principio por negar el milagro de la sanación. Allí fue recibida sin velas, altares ni banderas por un grupo de profesionales que sabían, comprendían, guiaban y la ayudaban a levantarse cuando, de vez en cuando, rodaba por el suelo.

Esta mañana la respuesta de mi hija me evocó  a Encarna. Imaginaba cómo hubiese sido mi vida si la punta de esa mala estrella hubiese elegido a la otra hermana, a la mayor, a mí. Pensaba si esa hija que esperaba no necesitar suerte hubiese existido, y qué habría si el día de mañana esa la mala estrella que sigue recorriendo el mundo decidiese apuntarme con una de sus puntas.

No sé qué haría. ¿Quién lo sabe?. Lo único cierto es que partiría con un punto de ventaja respecto a mi hermana, el de tener la certeza de quiénes son y dónde están quienes pueden ayudarme, quienes a partir de ese día serían una compañía imprescindible en mi camino.

El miércoles se celebra el día mundial de la esclerosis múltiple y  hoy quiero dedicar el mensaje de viernes a  esas personas imprescindibles que hacen tanto con tan poco. A Fany, la capitana del barco. A Ana, Lucía, Bea y Adrián, los motores del centro social de ASDEM.A Chari, esa mujer sonriente que está en todas partes. A Esther, Trini, Mar, Pilar y Lucía, las hadas buenas de la vivienda tutelada. A nuestros voluntarios, que cada día aportan el mejor de los regalos, ese que no se vende en las tiendas: tiempo y cariño. A Juan, Elena, Emilio, Jorge y  a todo el personal que desde ASPRODES nos ayuda cada día a ser mejores. A quienes desde fuera siempre están dispuestos a echar una mano, como los voluntarios que se han prestado a colaborar en la cuestación del miércoles y que han conseguido que ya solo estemos a falta de dos personas para cubrir todas las mesas.

Este viernes quiere ser, en fin,  un homenaje a todas esas gentes formidables que dedican su vida a mejorar la de quienes han sido señaladas por la punta de la mala estrella, a esas personas imprescindibles que no miran para otro lado solo porque la punta de la estrella no les ha señalado.  A todos ellos GRACIAS¨.

http://blogs.vidasolidaria.com/fundacion-esclerosis-multiple/2012/05/30/dia-mundial-de-la-esclerosis-multiple/

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La fiesta del pijama

5 agosto, 2012 § 7 comentarios

 

España se ha vuelto laica, aunque no sé por cuánto tiempo. Nos hemos hecho mayores porque hemos cambiado el traje de ir a misa por el pijama. Teniendo en cuenta que soy de la opinión de que Dios creó el mundo en pijama y de recién levantado, no conozco una mejor manera de honrarle que vivir los domingos en pijama.

He reflexionado mucho sobre este tema y creo que en realidad lo que intento es engañar al cerebro para que piense que si no me lo quito, técnicamente no he salido de la cama. Una extraña forma de bilocación que seguro que Santa Teresa y sus piradas de olla pasaron por alto. Si eres de la mías, te reconocerás hecha un zombi, deambulando por la casa con el susodicho, agregándole todo tipo de ornamentos hasta que parece un árbol de Navidad: Un pegotito de pasta de dientes por aquí, un manchita de café por allí, un salpicao de zumo de naranja en forma de mariposa… en fin eso lo dejo a la creatividad de cada uno. Que no os incomoden estas manchas, son extremadamente necesarias para detectar cuando hay que echarlo a lavar antes de que se acartone. Sí lo reconozco, me gusta estar en pijama porque el tiempo transcurre despacio y entro como en una especie de limbo que solo interrumpo para saciar necesidades primarias como el comer ¡Qué gran placer comer en pijama! Privilegio de locos, enfermos de hospital y reclusos de módulos peligrosos…

El pijama tiene una vida media de entre 1 y 100 años, depende únicamente de lo exigente que seas en la cama (guiño, guiño) en mi caso el único criterio es que la goma no esté pasada para no parecer un rapero pasando el aspirador a ritmo de Lady Gaga ¡Qué estampa!

Ahora que se han puesto de moda esas tiendas en las que te venden unos pijamas con los que podrías ir a la boda de tu hermana yo sigo apostando por el pijama “divorciado”, a saber, esa camiseta que se volvió rosa en un lavado a 50º, casado en segundas nupcias con el pantalón del gimnasio de lycra pasmada. Pero los hay para todos los gustos, está el pijama “Assassin” que aquí en el oeste llamamos “de Portugal”, con tanta electricidad estática como para iluminar un concierto de U2 y que te mete unos calambrazos en contacto con la funda nórdica que haces viajes astrales. Está el pijama “del ahorcado” ese que te deja los elásticos marcados como el papel de las magdalenas, el pijama “fantasma” ese que no sabes cómo porque nunca lo compraste pero llegó a tú vida para quedarse. Luego está el “de reyes”, que es ese que reservas para cuando te vas de viaje y que siempre se te olvida –hago aquí un inciso para aconsejar a esa gente “regalapijamas” que así como el vaquero hay que comprarlo pequeño que cede, el pijama hay que comprarlo holgadito de sisa para poder retozar en el sillón libre de toda atadura–. Completando el pack están lo que he decidido bautizar como “pseudopijamas”. En esta categoría entrarían el chándal de ir a comprar el pan, el abrigo burka de llevar los niños al colegio, el albornoz de sacar la basura y en verano el pareo de bajar a comprar tabaco.

Pero para mí el súper-mega-preferido es el pijama “ninja” que es ese bonito que te llevas para una noche especial y que te dura puesto un suspiro.

 

Bettie Page

17 abril, 2012 § 10 comentarios

Pin, pin, dos veces

5 febrero, 2012 § 8 comentarios

Una se va haciendo mayor y lo nota cuando al mirar la agenda de eventos mensuales tiene más citas con la peluquería que con el sexo masculino o cuando se da cuenta que el saber si ocupa lugar –todo mi saber está debajo del ombligo y se llama lorza– o cuando algún niñato pedorro en su afán de mostrar cierta educación, te trata de “usté”. Y es que amiguitas atrás quedaron mis años en los que salía en pijama a la calle y me tiraban pétalos de rosas en forma de piropo “albañileril” y llevaba la cara más limpia que el culo de un niño.

A día de hoy he volcado toda mi resignación en cremas antiarrugas, tratamientos anti edad, maquillajes con polvo de estrellas, iluminadores de mirada… y todas esas estupideces que nos ofrecen el consuelo y la esperanza de una vida plena. Pero no he venido aquí a hablar de las miserias que no tengo si no de los encuentros en la tercera fase, que una servidora ha tenido con las dependientas de las tiendas de cosméticos. Estos son los hechos:

Entraba yo un sábado por la mañana en ese lupanar de los sentidos que es para cualquier mujer, la planta de cosméticos de un cortinglés para adquirir un poderoso corrector de ojeras que mi amiga Paty (mi personal shopper en esto de las pinturejas) me había recomendado y que me iba a hacer la reina de la noche, cuando fui asaltada por una señorita, bonita por fuera y hueca por dentro. En un momento y casi sin quererlo me vi subida a un taburete con un foco en la cara y cerrando los ojos para que la “bella” borrara cualquier rastro de resaca de viernes. La verdad es que yo llevaba cara de 5 de la mañana y tres “güisquis” pero nunca pensé que de tonta y lo digo por la conversación que reproduzco aquí de manera textual para que juzguéis vosotros mismos:

Bella: Mira es muy fácil, esto primero te das un cremita desde el lagrimal hasta la parte final del ojo para hidratar ¿entiendes?

Yo: Sí, sí.

Bella: Después coges el corrector y con un pincelito, haces pin, pin, dos veces ¿Te acordarás, pin, pin dos veces?

Yo: Creo que sí. Pin, pin, dos veces.

Bella: Con este dedo (olvidó la palabra anular) te das unos golpecitos para extenderlo pero sin apretar. Es importante que no aprietes ¿eh?

Yo: Sí, sí, sin apretar.

Bella: Después con el otro pincel, tiene que ser con otro pincel porque uno es crema y otro polvo…

Yo: Claro, normal…
Bella: Con el otro pincel te das el polvo, también por encima del párpado, para que no se note la diferencia… y ¿ves? mira (me enseña mi cara en el espejo que había bajado a 2 de la mañana y 1 “güisqui”) ¿Te acordarás de todo? Mira por si acaso te voy a hacer un dibujo para que no se te olvide (Véase Figura 1.1)

Yo: Sí, creo que lo he entendido. Vale pues me lo llevo.

Bella abre uno de esos cajones maravillosos en los que guardan “los maquillajes de los maquilladores” y me lo guarda en una bolsita como de farmacia y con una sonrisa radiante me dice que son 28,50. Una vez abonado y ya con mi bolsita de guardar los frenadoles va y me suelta lo que yo llamo una traca final:

Bella: Mira te voy a apuntar aquí mi número de teléfono por si cuando te vayas a dar el corrector de ojeras ves que te pones nerviosa o algo, que a veces pasa (¿) o no te acuerdas de algún paso (2 en concreto) me llamas sin problemas.

No os riáis, os puede pasar a cualquiera de vosotras.


    Puzzle Pieces. Saint Motel

 

Punset y yo

6 enero, 2012 § 5 comentarios

Hace unos meses descubrí por casualidad que Eduard Punset y yo habíamos nacido el mismo día, me hizo muchísima ilusión como si aquello significara que aquel 9 de noviembre en el café mañanero estuviera contenida toda su sabiduría y yo la hubiera apurado de un sorbo. Durante un instante fui feliz. En cuanto descubrí que también era el cumpleaños de Belén Estebán se me pasó.

Aún así me inundó un torrente de empatía con aquel hombrecillo de pelajos alborotados (siempre he pensado que eran neuronas que no le cabían dentro de la cabeza) y empecé a leer sus libros. En ellos me sorprendió la frescura de ideas, la ausencia de tópicos y el optimismo desbordante, tanto que los he convertido en mis únicos propósitos para el 2012.

Si tú no tienes dinero yo te ofrezco una idea a tu medida, si tú quieres seguir un camino marcado, yo prefiero saltar el seto, si tú quieres pasarte la vida quejándote yo prefiero vivirla que ya me parece bastante. Así que frente a toda la negatividad que se destila en el ambiente a mí como a Punset me sobran razones para pensar en un futuro mejor.

 

 

El amigo

10 diciembre, 2011 § 4 comentarios

Permitidme queridos lectores en este vuestro post un hueco para la prosa poética, una oda a la amistad:

¡Oh! El amigo que nunca piensa en ti cuando saca entradas para un concierto.

¡Oh! El amigo que te llama porque organiza una cena en casa y claro como eres tan graciosa… así podemos echarte cacahuetes.

¡Oh! El amigo con el que solo compartiste pupitre y te invita a su boda. En Teruel. El puente de agosto. Junto a 450 amigos íntimos.

¡Oh! El amigo del Facebook, pobre huérfano sin fotos que va buscando su vida en la de los demás.

¡Oh! El amigo de “hazme el logotipo que a ti esto te sale en 10 minutos” que una vez osé confundir con el de “cómpramelo tú en Ebay que yo es que de esto no entiendo”.

¡Oh! El amigo de “qué vas a hacer el sábado que mi chica tiene cena de empresa”.

¡Oh! El amigo Pincho de Feria, “El jeta”, que lo mismo te pide 20 euros, que tráeme hielo, que acercame al taller.

¡Oh! El amigo sincero de “siempre podemos ser amigos”.

¡Oh! El amigo que comparte sus vacaciones contigo, en tu apartamento, con tu coche, con tu ropa.

¡Oh! El amigo talibán de Hamás. Que “hamás” devuelve los libros. Que “hamás” los presta.

¡Oh! El amigo generoso que te invita a las copas en una barra libre.

¡Oh! El amigo… Ese que siempre está pero nunca atiende, que te oye pero no te escucha.

¡Oh! Mi amigo, el amigo de sus amigos.

Él es… (pausa dramática)

el AMIGO INVISIBLE y hay que comprarle algo en Navidad.

(Fundido a negro)

Que bonito. Adiós…

Bésame mucho

21 noviembre, 2011 § 3 comentarios

Os iba a hablar esta semana del fin del mundo, pero al ver en la campaña de Benetton, a toda esa gente famosa pegándose “muerdacos” no he podido por menos que compartir un tema que me tiene a mí muy mosca, ¿A vosotros el primer beso con lengua que os dieron, os gustó? Porque a mí me pareció igual de asqueroso que el primer “piti”, debo decir en honor a la verdad, que hasta hace un par de años me fumaba lo que cayera en mis manos y con los besos… pues un poco lo mismo.

Seguro que a ti también te temblaban las piernas, lo mío era miedo porque una amiga mía había leído en la Biblia de cualquier adolescente, el Súper Pop, que te podías quedar embarazada, y mira lo del hijo ya me daba un poco igual, que llevaba años cuidando Nenucos, pero solo por no escuchar a mi madre…

A pesar de las dudas y con más miedo que vergüenza me entregué al placer… Un momentito ¿Qué placer había en comerse un caracol sin casa? ¿Qué era aquel trajín? ¿Por qué no movía la cabeza como en las películas? ¿Dónde estaba el abrazo protector? Y lo más importante si aquello eran los preliminares que sería de mí cuando llegara “lo gordo” que era nuestra manera de definir…  Que queréis, éramos pequeñas no teníamos léxico y desconocíamos el sistema métrico sexual, ¡Angelicos!

Así que me mantuve firme –cuando digo firme quiero que os imaginéis a la sota de bastos con el uniforme de las salesianas– cerré los ojos, abrí la boca y cuando aquello hubo terminado me planteé muy seriamente hacer carrera junto a Sor Eusebia Palomino, una monja, toda ella bondad, con la que no tendría que morrearme nunca más. Como no estaba segura de que aquella marranada dejara un rastro que mi madre pudiera seguir, me compré un regaliz de palo, por si me olía el aliento a beso. Esa tarde no merendé, me había hecho mayor.

No fue bonito, ni siquiera arreglado, no era el hombre de mi vida, a duras penas puedo recordar el nombre del pobre chico que después no me soltaba la mano a pesar de que le sudaba como si se estuviera examinando de notarías. Fue como los besos del anuncio de Benetton, de mentira.

Adiós, besos. Con lengua que ahora ya me gustan.

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