El tazón maravilla

2 enero, 2012 § 1 comentario

Jamás pensó Earl Silas Tupper que cuando inventó el tazón maravilla iba a salvar de la hambruna a tantos hijos de sus madres. Si además eres de los que come todos los días en su grata compañía, convendrás conmigo en que el “tupper” se ha convertido en un elemento de clase y distinción. Cuando a todos nos iba bien, presumíamos de móvil, de zapatos, de bolso… Ahora que la cosa está chunga lo más “in” es llegar los lunes y restregarle a tu compañero de trabajo esas lentejas de madre con su caldito marrón y su morcillita…

Las madres, grandes chamanes de la sabiduría popular, han convertido al “tupper” en las runas del siglo XXI y para ellas es una forma de conocer como estás ni necesidad de hacer preguntas incómodas. Por ejemplo, si lo devuelves sucio, es que estás muy agobiado en el trabajo y a ella no le hacen falta más explicaciones. Te ofrecerá otro de idéntico tamaño y valor con la misma sonrisa de siempre. Si lo devuelves limpio significa que te van bien las cosas y que te has podido comprar un lavavajillas porque todo el mundo sabe que fregar un “tupper” a mano y que quede bien es imposible. Si rizando el rizo lo devuelves lleno, cosa harto improbable, es que te has echado un noviete y no has tenido tiempo ni de comer. En ese caso tu  madre te mirará a los ojos esbozará una sonrisa y aplicará la primera norma del Club de los “tupper”: El contenido de un “tupper” nunca pasa a otro “tupper”, tiene que ir a la basura.

Si todavía piensas que un “tupper” es un simple recipiente de polietileno te equivocas amiguito porque disponen también de un geo localizador de madre. El mismo “tupper” puede hacer una ruta por casa de tu hermana, por la de varios de tus amigos, incluso puede acabar con sus polímeros en algún bar. Suelen ser viajes cortos, turismo de interior, pero en una ocasión tuve uno, aventurero él, que acabó en Gandía y finalmente llegó a casa en un autobús del IMSERSO con un tía mía. Ahora que lo pienso… Debería dejarme de tanto post estúpido y empezar a ganar dinero fácil con una red social  que se llame TupperSquare.

En definitiva, a mí me gusta pensar que nuestras madres nos siguen dando la paga los domingos pero que lo hacen en divisas “tupper”. Sí, sí, también cotizan como en bolsa, por ejemplo los más valorados son los de croquetas, seguidos muy cerca por cualquier guiso de madre con caldo. Los valores inestables son los de “escurrajas” -el filete de lomo, las tres alitas de pollo- esos que te tienes que comer por la noche porque al día siguiente se consideran “no trajinables”. Así que yo este año para Reyes me he pedido 25 “tupper” Premium, para enfilar la cuesta de enero con tranquilidad.

Gracias por leerme y que Dios os lo pague con un buen “tupper”.

 




El caldo de Bertín

12 septiembre, 2010 § 7 comentarios

Llevo una vida jubilosa y desordenada pero en una de mis raras visitas al Carrefour me topé con lo que yo llamo una perla de supermercado. Buscaba víveres tipo leche, galletas, chetos, pizza, cosas muy prefabricadas y con mucho E-282, E-200 y E-481 que es como a mi me gusta todo y llegando al pasillo de Sopinstant, y el Starlux encontré entre cientos de tetra briks el caldo de jamón  Bertín Osborne. Paré en seco el carro y me dio un subidón como el que debe sentir un cool hunter en Tokio. Volví la cabeza esperando encontrar un grupo de gente mirando por encima de mi hombro y nada,  pero es que ¿nadie más veía lo mismo que yo? Ahí estaba, sí, Bertín Osborne el tío más jamón que dio la caspa de los 80 convertido en… ¿caldo? Esencia de Bertín pensaba yo y fíjate que me vino a la mente (estos procesos asociativos tengo que revisármelos)  la imagen de Marilyn Monroe con su Chanel nº5 y ya me veía yo durmiendo en pelota picada con unos toques de caldo de Bertín, detrás de las orejas.
Me llevé el caldo, por si acaso, pero terminó en un arroz blanco, que por supuesto hizo mi madre.

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