Pin, pin, dos veces

5 febrero, 2012 § 8 comentarios

Una se va haciendo mayor y lo nota cuando al mirar la agenda de eventos mensuales tiene más citas con la peluquería que con el sexo masculino o cuando se da cuenta que el saber si ocupa lugar –todo mi saber está debajo del ombligo y se llama lorza– o cuando algún niñato pedorro en su afán de mostrar cierta educación, te trata de “usté”. Y es que amiguitas atrás quedaron mis años en los que salía en pijama a la calle y me tiraban pétalos de rosas en forma de piropo “albañileril” y llevaba la cara más limpia que el culo de un niño.

A día de hoy he volcado toda mi resignación en cremas antiarrugas, tratamientos anti edad, maquillajes con polvo de estrellas, iluminadores de mirada… y todas esas estupideces que nos ofrecen el consuelo y la esperanza de una vida plena. Pero no he venido aquí a hablar de las miserias que no tengo si no de los encuentros en la tercera fase, que una servidora ha tenido con las dependientas de las tiendas de cosméticos. Estos son los hechos:

Entraba yo un sábado por la mañana en ese lupanar de los sentidos que es para cualquier mujer, la planta de cosméticos de un cortinglés para adquirir un poderoso corrector de ojeras que mi amiga Paty (mi personal shopper en esto de las pinturejas) me había recomendado y que me iba a hacer la reina de la noche, cuando fui asaltada por una señorita, bonita por fuera y hueca por dentro. En un momento y casi sin quererlo me vi subida a un taburete con un foco en la cara y cerrando los ojos para que la “bella” borrara cualquier rastro de resaca de viernes. La verdad es que yo llevaba cara de 5 de la mañana y tres “güisquis” pero nunca pensé que de tonta y lo digo por la conversación que reproduzco aquí de manera textual para que juzguéis vosotros mismos:

Bella: Mira es muy fácil, esto primero te das un cremita desde el lagrimal hasta la parte final del ojo para hidratar ¿entiendes?

Yo: Sí, sí.

Bella: Después coges el corrector y con un pincelito, haces pin, pin, dos veces ¿Te acordarás, pin, pin dos veces?

Yo: Creo que sí. Pin, pin, dos veces.

Bella: Con este dedo (olvidó la palabra anular) te das unos golpecitos para extenderlo pero sin apretar. Es importante que no aprietes ¿eh?

Yo: Sí, sí, sin apretar.

Bella: Después con el otro pincel, tiene que ser con otro pincel porque uno es crema y otro polvo…

Yo: Claro, normal…
Bella: Con el otro pincel te das el polvo, también por encima del párpado, para que no se note la diferencia… y ¿ves? mira (me enseña mi cara en el espejo que había bajado a 2 de la mañana y 1 “güisqui”) ¿Te acordarás de todo? Mira por si acaso te voy a hacer un dibujo para que no se te olvide (Véase Figura 1.1)

Yo: Sí, creo que lo he entendido. Vale pues me lo llevo.

Bella abre uno de esos cajones maravillosos en los que guardan “los maquillajes de los maquilladores” y me lo guarda en una bolsita como de farmacia y con una sonrisa radiante me dice que son 28,50. Una vez abonado y ya con mi bolsita de guardar los frenadoles va y me suelta lo que yo llamo una traca final:

Bella: Mira te voy a apuntar aquí mi número de teléfono por si cuando te vayas a dar el corrector de ojeras ves que te pones nerviosa o algo, que a veces pasa (¿) o no te acuerdas de algún paso (2 en concreto) me llamas sin problemas.

No os riáis, os puede pasar a cualquiera de vosotras.


    Puzzle Pieces. Saint Motel

 

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