Ya si eso mañana…

10 octubre, 2011 § Deja un comentario

¿Sabéis todas estas frases enlatadas que nos vendieron los hippies de Woodstock? El “vive el día a día como si no hubiera mañana” y el “carpe diem”… Pues olvidaos de toda esa mierda porque al final del túnel no hay luz, solo está el Día después. Y es que, al menos yo, me considero de la generación, a caballo entre la Generación X y la Nini, la Generación del Día después ¿O me vais a decir que no hemos adoptado esta medida para todo?

Medimos nuestras relaciones en función del Día después, o el sobrevalorado “si se queda hasta el mediodía hay tema…” (habría que estudiar porqué nunca pensamos que se queda porque no tenía nada descongelado que comer, pero eso da para otro post). Nos dejamos un riñón en comprar los productos más frescos del mercado para luego envasarlos nosotros mismos en un cutre tupper que nunca cierra bien y comernos la lechuga bien pasadita, ¿Cuándo? el Día después.

¡Pero hombre si hasta el cuñado del que inventó la pastilla azul para el “AHORA, YA” nos ha vendido la píldora del Día después para no tener que pensar en el antes! Que digo yo, si la sacaran para cualquier ámbito de la vida y cada vez que te equivocaras, pastillica y listo… Quita, quita, además de insegura sería una yonki.

Y que bien se vive amiguitos en el “posponer” de la vida… ¿El cambio climático? Ya si eso para mañana. ¿Los hijos? Ahora no que está la cosa fatal. ¿Lo de indignarse? ¡Hombre es que a quién se le ocurre manifestarse en domingo…! Y así nos va que llegamos siempre tarde a todo, a las redes sociales, a los teléfonos, a la “interné” a todo. Aunque bueno, pensándolo bien no creo que sea tan mala cuando nuestro presidente se apuntó al carro y dejó las medidas anti crisis para el Día después. Porque… el presidente es el más listo y preparado del país ¿no? ¿O acaso no es ese vuestro criterio cuando votáis?

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El retorno

4 octubre, 2011 § Deja un comentario

Lo mejor de irse de vacaciones en septiembre es contarlo en octubre, y en tu facebook. Junto a la gente que te quiere, que es tu amiga, que te odia, que te pondría una bolsa en la cabeza sin cobrártela… Pero tú ya vienes curada de espanto porque has estado practicando los 7 pecados capitales, a saber:

La lujuria: Si vas en pareja, “lujuriar” una vez al día es tan obligatorio como la tarjeta de embarque en el Dutty Free. Si vas sola, tu objetivo es “lujuriar”, nada de piedras que van a estar ahí toda la vida. Corres el riesgo de acabar “lujuriándote” sola, pero al menos has cambiado de escenario.

La gula: En los desayunos buffet. Oye ¿Qué tendrán?, aparte de fruta pelada, para que un lunes te metas “pal” cuerpo, dos huevos revueltos con bacon, un yogur con muesli (que ni te gusta el alpiste ni “ná”) y tres “cruasanes”, abandonando así la dieta del austero cortado.

La avaricia: Por ponerte morena, que el tono en realidad te da igual… lo que quieres es que se note que has estado de vacaciones. Que es que no nos damos cuenta pero a los caucásicos se nos va de las manos y venimos ¡NARANJAS!.

La pereza: De bajar a la playa o quedarte en la piscina. De salir a cenar o pedir una pizza. De ducharte o acostarte con el pelo sucio. De quitarte el pijama o no. De la vida en general y de todo en particular.

La ira: No es lo más común, por pereza nada más, a lo más un leve mosqueo porque te roban la tumbona pese a ondear en ella tu toalla recién estrenada o una cara larga porque la Coca-Cola ostenta el pronombre de “es-de-grifo”. Pero ¡Ay! cuando llegas a casa… y tienes que deshacer la maleta, y la lavadora, y el despertador, y el ficus que se ha muerto. No voy a ponerme dramática.

La envidia: Que va creciendo en ti cual Hidra cuando sabes que el vecino llegó 15 días antes y se marcha 15 días después que tú, pero no porque tenga que ir trabajar ¡Que no! Que es que está “jubilao” y vuelve porque las noches se le hacen fresquitas… “Manda güé”.

La soberbia: Del primer día de trabajo después de vacaciones, que no te vistes con el traje de la boda de tu prima “el de la espalda al aire” de milagro, la mecha recién dada… el caso es impresionar. Te levantas 6 veces al baño, acompañas a los que fuman y te contoneas por la oficina como un pavo real libre de ojeras con todo su plumaje/bisutería desplegado con ese color naranja que contrasta con el gotelé… sabéis ¿no?

Como nada sale gratis después de pecar viene la penitencia: estoy a pechuga de pollo, me embadurno de crema para no pelarme y he vuelto al cortado y al contorno de ojos. Pero mira que “me quiten lo bailao”.

PD: Gracias a @gastronfo un periodista de los de verdad por iluminarme con el tema para este post. Mis queridos tuiteros nunca defraudan. Gracias Isaac.

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¿Dónde estoy?

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