Los 39 escalones

10 noviembre, 2010 § 10 comentarios

Pues en éstas que un día vas y te miras al espejo y de repente una luz (que no es la de tu baño) te ilumina de manera diferente y entonces como en un momento de auto-revelación, lo sabes, ya está ahí: tu cara de 39, ¿tu cuerpo? bueno tu cuerpo puede pasar por 36, pero ese pómulo es de 39, sin duda.
No es que te hayas sugestionado porque una cajera del Dia te preguntara: “¿Quiere una bolsa o dos?” o porque un adolescente a golpe de empujón te escupa un “perdone”, ni siquiera porque después de un Saturday Night no seas capaz de aguantar los 10 decibelios de tu propia respiración, no, no es eso. Simplemente el universo y tu vida se confabulan para que en ese “instante decisivo” tu misma veas en tu jeta la edad que tienes.
Hay gente que envejece muy bien porque siempre fue vieja, otra que cuanto más joven quiere ser, más vieja parece. Están los que quieren vivir una segunda juventud y se quedan en una especie de adolescencia perpetua y luego están los que como yo, primero a regañadientes y después con cierto “regomello” aceptan finalmente que no se está tan mal después de subir 39 escalones, porque cuando miras hacia atrás lo que ves, te gusta.

¿Dónde estoy?

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